sábado, 21 de enero de 2012

La Música y los Ferrocarriles

Uno de los más grandes compositores de todos los tiempos fue el checo Antonin Dvorák (pronunciado vóryak) 1841-1904. La más célebre obra de su abundante producción, aunque todas son bellas, es la Sinfonía del Nuevo Mundo, Aus Der Neuen Welt en alemán número 9 op. 95 monumental trabajo comparable con un edificio musical de increíbles proporciones. Toda su vida Dvorak, quien gustaba de vivir en el campo, fue de un espíritu recto y sencillo, "Yo soy un humilde músico bohemio" solía decir.  El lado plácido y sencillo, casi infantil de Dvorak se advierte en su música en la que casi no hay pasión o desesperación.

Dvorak tenía pasión por las locomotoras. Cuando estaba en alguna ciudad, iba con mucha frecuencia a las estaciones donde pasaba muchas horas, para verlas y anotar sus características. Escribía los números de las máquinas y el nombre del maquinista de todos los trenes y sabía cuáles estaban asignadas a cada expreso.

Otro músico influido por los trenes fue George Gershwin y su Rapsodia en Azul. Gershwin se refería así a los ferrocarriles: "El tren con sus ritmos de acero y su traqueteo, estimula a los compositores"

El suizo Arthur Honegger también fue influido por los trenes. Esto se puede apreciar en su poema sinfónico Pacific 231 (un tipo de locomotora) La obra describe musicalmente una locomotora. Honegger decía: "Siempre he sentido pasión por las locomotoras. Para mí son como criaturas vivas y las amo con la misma intensidad con que otros aman los caballos o las mujeres. Lo que he querido expresar en Pacific no es el ruido de una locomotora, sino la impresión  física y visual que produce"

Espero les guste esta digresión

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